Aunque a menudo se hable de un período
“mudo” en el cine, muy pocas veces esto quiere decir que existía una completa
ausencia de sonido, muchos de los
primeros cineastas y pioneros como D.W Griffith idearon formas de hacer algún
tipo de acompañamiento musical durante sus proyecciones e incluso contrataban compositores
para presentar música original para su película.
En otras partes del globo, países como
Japón pagaba a profesionales para que narraran la
película a la audiencia, éstos eran los llamados “Benshi”, una de las anécdotas
más famosas habla del hermano de Akira Kurosawa que practicaba esta profesión y
lo llevó numerosas veces al cine a ver películas de John Ford siendo sólo un
niño, fue ahí donde el futuro director comenzaría su respeto por esta forma de
arte.
Pero volviendo al punto anterior,
cuando se habla de que existía un cine mudo se referían a la incapacidad de
producir dichas imágenes conjuntamente con música sin ayuda de algún mecanismo
externo. Thomas Alva Edison había sido capaz de grabar la voz humana con el
fonógrafo pero para que ésta se involucrara con las imágenes en movimiento
tendrían que realizarse numerosos experimentos que no obtendrían frutos hasta
después de la primera guerra mundial.
En 1925, ocurre un verdadero giro en la industria
hollywoodense cuando en ese entonces la relativamente pequeña Warner Brothers
decide arriesgarse y comprar el sistema de sonido creado por la compañía
Western Electric, el Vitaphone, que
hasta ese entonces había sido ofrecido a otros estudios pero sin resultados de
compra.
Aunque ya se habían realizado películas
cortas con sonido, el primer
largometraje comercialmente exhibido fue Don Juan en 1926, con un estreno que le costó a la Warner tres
millones de dólares en ese entonces, pero por suerte, el público quedó
fascinado con la idea y el interés por la audiencia de ver más material como éste,
creció en muy poco tiempo.
En un principio la adquisición de este
sistema sólo tenía la intención de agregar una pista de música que acompañara
el filme, pero un año más tarde, la
película El Cantante de Jazz sería la primera en incorporar dialogo capaz de ser
escuchado, a pesar de que esto solo pasaba en dos pequeñas escenas Warner
Brothers había acertado y el éxito de la cinta fue abrumador.
Pero ese creciente interés por los
“talkies” (el termino para referirse a las películas con sonido en ese momento)
no fue aceptado por todos, pues implicaba un cambio radical en todo el sistema
económico cinematográfico, sería necesario adquirir costosos equipos de
grabación, construir nuevos sets que permitieran capturar mejor los diálogos y
limitar la acción de los actores para ocultar los micrófonos.
De hecho, muchos directores (entre
ellos figuras importantes como Hitchcock) temían que esto implicara un
retroceso en el lenguaje visual, por no mencionar muchos de los actores que se
negaron a hacer la transición y eventualmente terminarían retirándose o siendo
olvidados por la audiencia. Casos como
el de los comediantes Buster Keaton y Charles Chaplin son sólo unos de los
pocos cuya popularidad fue capaz de trascender hasta generaciones siguientes
acostumbradas a funciones capaz de escucharse.
Solo tres años después de El cantante
de Jazz, un 74% de la producción
cinematográfica estadounidense tenía sonido, lo que implicaba que seguir
produciendo películas mudas fuera un completo suicido comercial. Dos películas
claves que ilustran el contexto histórico de este drástico cambio en el cine
son el clásico “Cantando bajo la lluvia” (1952) de Gene Kelly y la ganadora del
Oscar “El artista” (2010) de Michel Hazanavicius.
Por otro lado, la inversión que
tuvieron que hacer las salas de cine fue casi millonaria pero por suerte fue
cubierta por completo antes de que ocurriera la gran depresión. Si esto no hubiera pasado posiblemente el
cine estadounidense hubiera tardado muchos años más en crecer de la forma en
que lo hizo, el resto es por supuesto historia y la innovación paso a
convertirse en el sistema estándar.
André Bazin expuso una vez que no debía
verse este invento como un retroceso dentro del lenguaje pues desde siempre el
propósito del cine fue el de preservar un momento en el tiempo mediante imágenes
con la mayor exactitud posible, eso incluye tanto color como sonido. Que el
cine no haya nacido con estos elementos no quiere decir que en algún momento
estos no pudieran lograrse con la innovación tecnológica, era un proceso
inevitable tal y como terminó ocurriendo.
Luis De León








